SIGNOS II
Anoche soñé que volaba junto a dos golondrinas, sobre una ciudad fantasma…
… aun se podía percibir el perfume tóxico, ya menos, de las industrias, sustancias, solo que olían de otro color, como si en un arrebato pasional, aquella otra dimensión de la vida, desconocida, paciente, el otro lenguaje, la verde templanza, hubiese decidido fundir sus carnes y devorar a su paisaje antagónico. A veces la dialéctica puede sorprender, pero lo que importaba en ese momento era que yo fui, y soy en ese lugar, donde se acaba la trascendencia, junto a mis compañeras de viaje. Nos miramos, decidimos descender en algo que parecía ser una gran avenida. A un costado, el alto orgullo descansaba cubierto de flores. Ya estábamos completamente seguras de seguir en la búsqueda, aquello que nos faltaba para descifrar…
… y decidimos, y entramos, no nos mirábamos [Prohibido Hablar]. La oscuridad, el silencio, el velorio, la siesta fúnebre de los artefactos que habían dejado de respirar. No nos mirábamos. Nos detuvimos frente a una puerta, una de las golondrinas se posa sobre mi hombro izquierdo, la otra; suspendida, espera que yo abra la puerta, y entra, y canta, y entramos. No nos mirábamos pero ahí estaba, aun respiraba, una pequeña flor, todavía le quedaban dos luces encendidas, la hélice apenas giraba. No tenemos mucho tiempo (Todo fue muy rápido, una muerte sin dolor, sin esperanza y con… El sagrado manto no tiene compasión, se deja caer, lo cubre todo como quién descubre el tesoro de su propia selva.) para sacarla. En ese momento nos miramos, asentimos, fuimos cómplices, hermanas, salimos, el sonido el ruido era cada vez mas fuerte, mas cercano, venían para quedarse, y en ese mismo lugar donde comienza la trascendencia, emprendimos el vuelo. Los otros deberían estar esperándonos, nos esperan, no muy lejos, bailando y cantando alrededor del fuego.