habitante de la penumbra
has de volar cien, trece
y cien veces desde la palma del infinito para soltar tus
amarras
caen setenta y siete lunas ante los callos apretados de tu
corazón
vistes las prendas de la nada,
y sufres con ellas, esquivando
en tus mascaras
el ser miserable y perfecto
el esclavo y servidor de lo invisible
ríes por que no queda espacio
para la contradicción absurda
de tu poesía
en el ocaso
en el juicio
y lloras
desde la otra esquina del cielo
en la alfombra
de los placeres ciegos
de los olores temblorosos
temblorosos tus ojos
el día en que renaciste del suelo
No hay comentarios:
Publicar un comentario